1)
¿Por qué algunos alumnos abordan el aprendizaje con
entusiasmo y otros de mala gana?
La principal razón es porque algunos alumnos se motivan ante el
estudio a través de evitar resultados negativos, como los castigos o el
fracaso. Estos alumnos probablemente verán los estudios como una carga que
deben sostener, y su motivación será intrínseca. Sin embargo, otros alumnos
persiguen los estudios con una motivación intrínseca, caracterizada por la búsqueda
de metas equitativas para todos, es decir, la motivación ante el estudio será
una recompensa positiva de aprender.
¿Por qué algunos eligen tareas sencillas en las que
el éxito está asegurado y otros prefieren problemas en los que las
posibilidades de éxito y fracaso estén en equilibrio?
El que cada alumno elija un tipo de actividad, depende de la
atribución que haga del éxito de ésta. Los alumnos cuya motivación es
intrínseca, y busquen la persecución de metas, no tendrán problemas para elegir
tareas difíciles, porque lo que les importa es el aprendizaje y el esfuerzo que
conllevará como resultado valía personal. Pero los alumnos que se basan en
evitar fracasos, lógicamente no querrán sufrir un posible mal resultado de la
tarea, y preferirán realizar trabajo más sencillos, o con garantía de éxito,
sin importarles el aprendizaje en la elaboración de la tarea.
2)
¿Por qué
hay tantos alumnos que no se esfuerzan en la escuela?
Los alumnos que no se ven recompensados
con su esfuerzo y valía, no se esforzarán, ya que ese esfuerzo no les supone un
reforzador y se conformarán con alcanzar el nivel mínimo necesario (como la
“ley del mínimo esfuerzo”).
¿Por qué otros alumnos ocultan sus esfuerzos o se niegan a
admitir que estudian mucho?
El afirmar “me gusta estudiar” es
censurado en la actualidad, y se da porque se tiene una concepción de la
educación como obligatoria y por tanto, no como una forma de recompensa
personal (motivación intrínseca). Además, la mayoría de los alumnos actuales
tienen esta concepción extrínseca de la motivación de estudiar y por tanto no
estudian por el hecho de sentirse bien. Los niños que admiten su esfuerzo o
simplemente que suelen aprobar con buenas notas, son etiquetados por muchos de
sus compañeros como “empollones” por ejemplo, lo que lleva a ocultar sus
esfuerzos y sus ganas de aprender.
3) ¿Qué
merece la pena que aprendan los alumnos de cara al futuro?
Los
alumnos deben aprender a valorar el esfuerzo, y no verlo como un posible
causante de fracaso, sino como una forma de valorarse a sí mismo. La forma de
hacer esto es que aprendan la motivación intrínseca y se muevan a través de
ésta y no por medio de refuerzos externos. Hay que enseñar a motivar el
aprendizaje en sí, y lo que éste puede proporcionar a la persona.
También
es necesario que aprendan a pensar, ya que en la actualidad muchos alumnos no
realizan el esfuerzo de pensar por ejemplo en posibles consecuencias, posibles
alternativas, etc. Este es una capacidad que no sólo facilitará a nivel
académico, sino que ayudará en muchos aspectos de la vida, como la elección de
varias opciones importantes.
4) Nuestros
criterios de evaluación, ¿son normativos o criteriales? ¿Están referidos a la
norma del grupo o a un nivel de exigencia absoluto?
Los criterios de evaluación de
la mayoría de los colegios son normativos, ya que se basan en los datos que
catalogan como referente. Además están referidos a la norma del grupo, porque
las metas no son definidas independientemente por cada alumno, sino que se
sigue un patrón de objetivos a cumplir y para todos es la misma forma. Hay excepciones
en las que algunos alumnos o alumnas que tengan un nivel inferior, se les exige
menos a través de programas específicos para ellos, y que sean asequibles,
permitiendo el mismo título que el resto. En este caso en sistema de evaluación
será criterial.
5)
Pero, a veces, los estudiantes que se orientan a
evitar el fracaso, rinden igual de bien o se hallan dispuestos a rendir como
los que se orientan al éxito. ¿Por qué ocurre esto?
Quizá se deba a que ambos
tipos de alumnos tienen resultados parecidos, y lo que les diferencia es el
motivo por el cual cada uno realiza sus obligaciones. El alumno orientado al
éxito, obtiene unos buenos resultados debidos al esfuerzo continuo, el alumno
orientado a evitar el fracaso obtiene resultados buenos aunque no tiene que ser
por un esfuerzo continuo. La diferencia más importante es el lugar desde el
cual surge la motivación para estudiar, los que evitan el fracaso, estudian
precisamente para eso, para evitar un castigo (el fracaso), cuya motivación es
extrínseca y los que se orientan al éxito, estudian por lo gratificante que les
resulta hacerlo, por una curiosidad que se les ha “enseñado” desde pequeños, y
por lo tanto tienen una motivación intrínseca.
Sin embargo, aunque haya
diferencias en los motivos que les llevan a realizar esfuerzos, los resultados
son parecidos, e incluso pueden ser iguales, por ello es difícil averiguar cuál
es el tipo de alumno
6) ¿Conoce o recuerda usted a alumnos que
se ajusten a los perfiles que hemos desarrollado?
En mi clase, cuando estaba en el colegio, había todo
tipo de alumnos. En el ejemplo de alumno que realiza un esfuerzo excesivo,
había una alumna que se esforzaba mucho, estudiaba muchas horas, incuso por las
noches, y los resultados solían ser muy positivos. En algunas ocasiones no
obtenía los resultados esperados y en ese momento lo pasaba muy mal, y se daba
cuando el esfuerzo era desmedido.
Una alumna que, aparentemente tenía el perfil de alumno
cuyo esfuerzo se daba por tener éxito, realizaba todas las tareas, siempre
sacaba notas excelentes, leía muchos libros (que no exigían en clase), entendía
todos los conceptos, y se veía segura de sí misma. Además era responsable,
educada, madura, y algo tímida.
Una alumna que se esforzaba para evita el fracaso, se
trataba de una amiga, que estudiaba el día antes del examen, y hacía las
actividades necesarias. A veces no traía los deberes a clase, pero intentaba
salir de la situación si le preguntaban algo, por lo que a vista de los demás,
era responsable y trabajadora. Solía aprobar todo con buenas notas a pesar de
estudiar en el último momento.
Por último, un alumno con aceptación al fracaso, se
trataba de un chico que no realizaba los deberes, no solía participar en clase
nunca, y además sus notas eran bajas y con varios suspensos. Aparentemente no
realizaba esfuerzos por superarse.
¿Qué
utilidad para nuestro trabajo puede tener el análisis basado en la aproximación
al éxito y la evitación del fracaso?
Si sabemos qué tipo de perfil tienen nuestros alumnos,
podremos adecuar la estimulación hacia el tipo de motivación que predomine en
él o ella. Por ejemplo, si un alumno tiene aceptación al fracaso, debemos
buscar formar de captar la motivación a través de cosas que le gusten y así
encaminarlo hacia los objetivos académicos. Si sabemos que una alumna se
esfuerza para evitar el fracaso, podremos reconducir su conducta para llegar a
motivarla intrínsecamente, intentando que vea el propio esfuerzo como motivo
para sentirse valiosa.
7)
¿Cómo se enseña a planificar?
Podemos enseñar a planificar
elaborando pequeñas metas que nos lleven al objetivo que pretendemos. Por ejemplo,
si queremos planificar el estudio de un examen en un alumno, debemos enseñarle
a planificar las horas de estudio a lo largo de la semana, y con diferentes
formas de estudio (como esquemas, resúmenes, etc.), de forma que, si logra cada
“pequeña” meta, logrará con mucha probabilidad el objetivo fundamental: aprobar
el examen.
Previo al planteamiento de una tarea o trabajo, ¿de
qué manera podríamos atender los tres aspectos propuestos por Pintrich:
creencia de capacidad, razones y emociones?
Si antes de realizar la
tarea, planeamos los objetivos, y hacemos un análisis de estos aspectos, cuando
nuestros resultados sean positivos, nuestro sentimiento de control será mayor y
nuestra motivación intrínseca aumentará. En primer lugar sería analizar la
creencia sobre la capacidad que tenemos para elaborar una tarea, lo cual se
verá facilitado por el éxito de esos “pequeños” pasos. En las razones por las
cuales hacemos la tarea, hay que buscar el motivo y la motivación por la que
realizamos el trabajo. Por último, en las emociones que nos causa la tarea, tenemos
que ver el nivel de satisfacción que va a generar la tarea.